El fantasma del Ahoga-pollos

La leyenda de El fantasma del Ahoga-pollos, data de los orígenes del poblado de Las Tunas. Por aquella época la superstición, aún en las personas mejores preparadas era notoria y cualquier hombre por valiente que fuera temblaba de terror ante la idea de tropezarse con fantasmas o “aparecidos”.

Todo comenzó una noche densamente oscura en la que amenazaba un fuerte aguacero, una mujer sola en su casa notó una pequeña luz roja en los márgenes del río Ahoga-pollos, para ella se trataba con total seguridad el espíritu de algún alma en pena. La oscilante luz horrorizó a la mujer, que espantada se encerró en su humilde casa a esperar a su marido, cuando este llegó a casa le contó todo, adicionándole las cosas que el pánico le hizo ver.

A la mañana siguiente después de una noche de insomnio y de terror, marido y mujer se encargaron de llevar la noticia a todas las casas de los vecinos y más de uno, seguramente sin haber visto nada, aseguró que también había visto luces elevándose al cielo desde el cercano cementerio.

La misteriosa luz continuaba apareciendo en las noches oscuras, siempre en el mismo sitio y llevando la misma dirección. La fantasía popular llegó a hacer de la luz algo como una cosa extraordinaria. El terror se había apoderado de los vecinos, llegando los más supersticiosos a encerrarse en sus casas al caer la noche.

Se dice que todavía hoy, en las noches más oscuras, hay quien ve luces al cruzar los pequeños puentes peatonales sobre el río Ahoga-pollos.